Hola, espero que estés muy bien!
El martes pasado tomé una decisión que para muchos sonó algo extraña, donde vendí todo mi portafolio en los máximos de la semana. La tendencia todavía parecía intacta y el clima general era de euforia, pero vi señales que me resultaron difíciles de ignorar. A mi entender la subida se sostenía en terreno inestable, con cada retroceso aparecían vendedores pesados, mientras que la agresividad compradora no apareció nunca en las últimas semanas. Los grandes capitales, en lugar de posicionarse en un activo por semanas, tomaban ganancias cortas y desaparecían. Y sectores como utilidades o energía, que suelen ser tradicionales refugios, empezaban a recibir flujos considerables, como si el mercado quisiera asegurarse un plan de escape.
En paralelo, el gobierno norteamericano aportaba más incertidumbre que certezas en cuanto a su postura sobre las guerras, y el discurso de Powell volvió algo difusa la especulación sobre los próximos pasos de la Reserva Federal. Con una ganancia acumulada mayor a la habitual para un período tan corto, no podía exponerme a que cualquier titular o noticia desatara una reacción exagerada. La razón para no salir en el mismo momento de escuchar la conferencia y esperar una hora más fue la duda y la reflexión que necesité madurar para tomar la decisión. A simple vista, el mercado parecía avanzar con firmeza en cuanto a la gráfica de precios, pero debajo, la estructura era endeble. Ese divorcio entre la superficie y el trasfondo fue lo que me llevó a vender. Pasados ya unos días, cuando la corrección se impuso, mi decisión quedó justificada ya que estaba expuesto a algunos de los activos que cayeron de forma abrupta.
Más allá de la anécdota puntual, lo interesante es lo que esa experiencia revela sobre el modo en que entendemos los mercados. Comentando la semana con un amigo que está comenzando a ser rentable en las inversiones, fue donde tuve la idea sobre el tema a tratar en este análisis, ya que entre risas, sus palabras al ver en pantalla las ganancias de mi cuenta luego del cierre de posiciones fue: “cuantos habrán perdido para que vos ganes eso”. Muchas veces se piensa que si alguien vende en máximos y logra preservar su capital, es porque otro compró allí y necesariamente perdió. Como si el mercado fuera un juego de suma cero. Le pedí que me explicara como llegó a esa idea, y su respuesta fue que era algo incuestionable, para luego mostrarme videos de Youtube. Estoy bastante alejado del contenido de redes, pero pude comprobar que esa idea circula con fuerza, a pesar de ser profundamente equivocada. Vi mucha gente comparando la situación del mercado con una partida de poker, donde para que uno gane debe existir otro que entregue su dinero.
Se que para algunos lectores con más experiencia operando esto va a parecer muy básico, pero me pareció oportuno aclararlo para quienes recién empiezan ya que me sorprendió lo extendido que está el concepto. Si fuera cierto que los mercados son de suma cero, nadie podría ganar de manera sostenida sin que existiera una masa equivalente de perdedores. Y sin embargo, la historia demuestra lo contrario: inversores individuales, fondos de inversión, e incluso pequeños inversores han multiplicado su patrimonio simplemente participando en la expansión de economías y empresas a lo largo del tiempo. Puedo asegurar que es imposible que exista tanto dinero de minoristas como para justificar los montos de ganancias de los grandes fondos de inversión. Tus pérdidas no justifican las ganancias de BlackRock o las de Warren Buffett. El mercado no se limita a repartir fichas para que los inversores compitan.
La simple clave para entender esto está en que los precios no son estáticos. No compramos y vendemos fichas de idéntico valor como en un casino, sino activos cuyo valor cambia de acuerdo a productividad, innovación, expectativas y liquidez. Una acción de una compañía que crece no roba nada a otra, sino que crea valor adicional. El inversor que la sostuvo en el tiempo ganó porque la ficha que el casino le dio se hizo más grande y valiosa, no porque otro le cediera su ficha de menor valor.
La anécdota de haber vendido en máximos se entiende mejor si lo miramos bajo esta óptica. No hubo un “perdedor” en la vereda de enfrente que me transfiriera su derrota. Hubo, sí, alguien que compró en un contexto en el cual la probabilidad de retroceso era alta. Pero esa misma persona, si tiene paciencia, puede ser ganadora en otro horizonte temporal. El mercado no reparte premios de forma lineal, sino que dialoga con el tiempo de cada inversor. De hecho, estoy seguro que muchos inversores que estarán leyendo este texto continuaron con sus posiciones y no necesariamente han materializado pérdidas.
Lo que sí existe, y creo que allí conviene detenerse, es la narrativa de corto plazo que alimenta la ilusión de suma cero. Cuando un operador vende caro y otro compra caro, parece que hay un ganador y un perdedor inmediato. Pero lo inmediato no describe la película completa. Un mercado que crece durante décadas demuestra que millones de inversores pueden ganar simultáneamente. Podemos observar lo que ocurrió con los índices norteamericanos desde abril de este año, donde independientemente de las fechas de compra las ganancias fueron posibles para todos, sin necesidad de que haya una cantidad equivalente de perdedores ni en número ni en capital.
El mito de la suma cero es, creo que es en gran medida un reflejo cultural. Una sospecha arraigada en la idea de que la riqueza es siempre un bien escaso y que lo que uno posee se quita a otro, ya que es verdad que eso sucede pero en otros ámbitos de la economía cotidiana. En cambio, los mercados que son espacios de creación genuina de valor, operan bajo otra lógica como lo es la de la cooperación implícita. Empresas que innovan como inversores que financian, todos formamos parte de un ecosistema que puede ampliar la riqueza conjunta.
Claro que hay momentos de contracción, de burbujas que estallan y de capital que se esfuma. Pero incluso ahí no estamos frente a un juego de suma cero en sentido estricto, sino ante una destrucción de confianza y expectativas que no se traduce en que cada pérdida equivalga a una ganancia de otro. La corrección de esta semana no enriqueció a alguien en proporción exacta a lo que otros perdieron, sino que fue más bien un ajuste colectivo a un exceso de entusiasmo mal sustentado. Y que claramente puede modificarse y continuar al alza en los próximos días.
Lo que personalmente espero identificar de episodios así es que el mercado premia, por lo menos parcialmente, la lectura de señales y la capacidad de actuar con prudencia, pero no porque haya un adversario al otro lado que necesariamente sufra. Mi venta en máximos no fue una victoria contra otro, sino una forma de preservar capital frente a una estructura débil. Esa preservación me permitió estar en mejor posición para el próximo ciclo, donde probablemente muchos otros también ganen.
En definitiva, entiendo que pensar al mercado como un ring de suma cero es un error conceptual que limita la comprensión. Los mercados son más bien un relato colectivo, un contexto simbólico donde valor y confianza se expanden o se contraen de acuerdo a las fuerzas sociales, políticas y económicas. Y en ese relato, los inversores no estamos condenados a un juego de ganadores y perdedores simétricos, sino buscando participar de procesos que puede generar victorias compartidas.
El rumbo del dólar estadounidense será decisivo para el resto de las divisas en los próximos días. La moneda se encuentra en plena recuperación alcista, a medio camino de un movimiento que podría definirse con el dato de empleo del viernes. En este escenario, fueron las monedas latinoamericanas las que mejor resistieron, ya que apenas cedieron en retrocesos cortos, pero lograron sostenerse en zonas de máximos. Esa firmeza deja abierta la posibilidad de nuevas entradas compradoras si el dólar recibe un golpe de debilidad tras los datos. El panorama cambia al mirar hacia Europa y Asia, donde las divisas muestran un estado bastante más frágil, con una estructura incapaz de sostener avances consistentes. Si la recuperación del dólar se afirma en el inicio de semana, mi atención estará en buscar ventas en el euro, con la zona de 1.155 como objetivo en el EURUSD.
Por primera vez en varias semanas, el petróleo logró escapar del rango que lo mantenía atrapado, aunque el impulso apenas alcanzó para regresar al mismo punto de partida al cierre del viernes. Aun así, el gesto resulta alentador, debido a que frente a un nuevo intento alcista, las probabilidades de un movimiento más consistente parecen mayores. En el clima actual de dudas que atraviesa el mercado en general, el crudo puede convertirse en un termómetro útil para descifrar las intenciones de los grandes operadores. Observar de cerca las acciones energéticas será clave, porque allí podría evidenciarse una migración de capital desde activos más pesados. Mi impresión es que estos activos tienen mejores chances de desarrollar una tendencia clara que el propio precio del crudo.
En el terreno de los metales, la semana dejó a la plata y al platino como protagonistas, mientras que el oro, pese a mantenerse en zonas de máximos, optó por mantenerse en rango. Para animarme a nuevas posiciones en este grupo necesito que los comportamientos se alineen con mayor armonía, algo que creo que sucederá cuando comiencen a conocerse las noticias clave de la semana. Desde hoy no puedo adelantar una postura definitiva, pero si el S&P500 prolonga su corrección bajista, volveré pronto a las compras, ya que los objetivos de precio en los metales siguen siendo lo suficientemente atractivos como para intentar sumarse.
La semana estará inevitablemente marcada por el gran dato de empleo del viernes. Este evento me lleva a adoptar en los primeros días de la semana una postura de mayor actividad, consciente de que hacia la segunda mitad podría imponerse un clima de estancamiento en los precios. Los efectos de tendencias reducidas se perciben tanto en horizontes largos como en corto plazo, y con un S&P500 que no logra ofrecer una señal clara, la estrategia que prefiero es iniciar con una diversificación amplia. Trabajar sobre activos de distintos rubros me permite no quedar expuesto a un único bloque de capital.
Los retrocesos recientes en los índices aún no han alcanzado un mínimo evidente a nivel técnico, y por eso encuentro más potencial en un escenario de caídas. Allí se abriría la posibilidad de operar algunas ventas y, al mismo tiempo, dar un impulso adicional a los activos de refugio. En cambio, si la semana comienza con un repunte alcista en los índices, las oportunidades de entrada seguramente serán más limitadas y el peso de mi cartera se inclinará hacia activos de otros mercados.
Como suele ocurrir en las últimas semanas, el mercado europeo continúa sin ofrecer señales definidas. La expectativa para estos días se concentra en la posibilidad de que Estados Unidos avance con algún anuncio concreto sobre la reducción de aranceles, medida que podría darle un respiro a las acciones europeas, ayudándolas a frenar las caídas y escapar de los rangos estrechos en los que permanecen atrapadas. Sin embargo, si no aparece una justificación de tipo fundamental, mi participación en esta región seguirá siendo mínima y limitada exclusivamente a las divisas.
En el mercado chino no considero prudente abrir nuevas posiciones esta semana, dado que los feriados del martes al jueves distorsionarán la operativa y reducirán de forma considerable el volumen de las cotizaciones en Estados Unidos. En cuanto al panorama general, poco ha cambiado, los índices de referencia continúan moviéndose dentro de los rangos de retroceso previstos. Por eso, hasta que la actividad en China retome su ritmo habitual, tampoco asumiré una postura distinta para este mercado y mantengo la visión de compras.
Debido a las ventas en el mercado estadounidense no elaboré una lista amplia de ideas, ya que prefiero esperar la reacción de los precios al inicio de la semana antes de definir una postura concreta sobre el contexto. Me llamó la atención, la escasa influencia de la actividad institucional en la formación de precios y en la apertura de nuevas posiciones. Interpreto esto como una señal clara del bajo volumen que fondos y bancos están dispuestos a arriesgar en estos días, lo que funcionó como un síntoma de desconfianza durante la semana y me impide dar demasiado peso a las proyecciones de corto plazo. De todas formas, este tipo de situaciones rara vez se prolonga y pronto volverán a aparecer impulsos fuertes generados por las grandes instituciones.
En paralelo, he identificado un flujo de capital significativo que se ha desplazado desde las grandes acciones hacia activos vinculados a los servicios públicos, un movimiento típico de momentos bajistas. Monitorear de cerca este comportamiento será importante, porque si la compra en ese sector se profundiza, estaremos frente a una señal de mayor prudencia de fondo en la postura de los grandes inversores frente al mercado.
En cuanto a noticias corporativas, Meta (META) cerró la semana con retrocesos luego de conocerse la acusación de la Unión Europea por no vigilar de manera adecuada las publicaciones ilegales, un proceso que podría derivar en multas significativas. Ese contexto me resultó favorable para tomar ventas de corto plazo, dentro de una caída que, a mi entender, aún tiene margen para extenderse en los próximos días.
Un caso particular fue el de Electronic Arts (EA), cuyo precio se disparó tras trascender que la compañía negocia un acuerdo para dejar de cotizar en bolsa, el cual se anunciaría el lunes. El financiamiento provendría de fondos de inversión privados, lo que anticipa un inicio de semana con fuertes movimientos en la acción a la espera de detalles sobre el acuerdo.
Por su parte, Apple (AAPL) mostró una resistencia destacable entre las grandes compañías, manteniendose mejor que otras frente a la caída general, gracias a los datos sólidos de demanda por el nuevo iPhone 17. Ese respaldo deja abierta una buena oportunidad de compra, tanto en el corto como en el mediano plazo, con la expectativa de alcanzar máximos históricos en caso de que el contexto de mercado recupere estabilidad.
Los retrocesos en los mercados asiáticos no han sido lo suficientemente profundos como para modificar la visión que compartí la semana pasada. Sigo esperando nuevos impulsos alcistas en niveles técnicos relevantes para sumar posiciones en activos coreanos y japoneses. Será en los primeros días de la semana cuando podamos medir con mayor claridad cuánto logra trasladarse la caída de Estados Unidos a estos mercados secundarios.
En Latinoamérica, la volatilidad tampoco se ha mostrado pronunciada. México continúa siendo mi principal opción de compra, mientras que Brasil permanece en un retroceso parcial y a la espera de definiciones, lo que me lleva a no proyectar movimientos antes de mitad de semana. En el caso de Argentina, tras las últimas noticias y una breve recuperación, el mercado volvió a cerrar con la intención de atacar mínimos, escenario que esperaré a confirmar para tomar posiciones de venta.
La semana en cripto se presentó con un sesgo netamente bajista, sin ofrecer casi respiros intermedios. La presión fue más intensa sobre las monedas menores que sobre Bitcoin, lo que dejó sin alternativas viables para plantear estrategias de mediano o largo plazo. Las noticias vinculadas a la inflación y las crecientes dudas respecto al futuro de las tasas de interés golpean con fuerza a estos activos, que lejos de cumplir un rol de refugio, se mantienen firmemente en el terreno de la especulación.
Mis objetivos continúan inclinados a la baja, aunque será necesario que el mercado supere ciertos niveles técnicos antes de habilitar nuevas ventas. En particular, esperaré ver cotizaciones por debajo de los $105.000 en BTC para comenzar a evaluar posiciones bajistas con proyección hacia la zona de $100.000. Mientras tanto, la operativa seguirá limitada al plano intradiario, a la espera de un contexto más definido que brinde oportunidades más sólidas.
Con el peso que tendrán las noticias en los próximos días, los índices se perfilan como los instrumentos más complejos para operar. La clave estará en la apertura, donde mi criterio será ajustar el nivel de agresividad según la volatilidad que muestren los primeros minutos de sesión. La semana de daytrading fue positiva, aunque el viernes mostró una apertura lenta que me llevó a optar por un enfoque más conservador, dejando pasar algunas oportunidades y esperando entradas algo más tardías. Es una lógica que sostendré también para la próxima semana, ya que los días con noticias previas a la apertura suelen provocar arranques sin la fuerza necesaria para alcanzar objetivos con rapidez. En cuanto a mercados, no veo una limitación clara y mantendré la intención de trabajar cualquier activo que muestre un contexto favorable cercano.
La semana fue muy positiva en términos de ganancias, aunque atípica desde el punto de vista de la gestión. El martes por la tarde comencé a percibir señales de alerta en los máximos históricos del mercado, a las que se sumaron algunas noticias y anuncios con potencial de afectar las compras. Ante ese panorama, decidí cerrar por completo las siete posiciones que mantenía abiertas, optando por esperar una definición antes de iniciar un nuevo ciclo.
Al momento de tomar ganancias, las relaciones beneficio/riesgo finales resultaron dispares, dado que se trató de un cierre de emergencia y algunas posiciones no pudieron desarrollarse de manera habitual. Las más rentables fueron B, con una relación favorable de +19 veces sobre el riesgo asumido, y NEM, con +7. Por su parte, las dos posiciones negativas, FOLD y SONY, apenas sumaron un retroceso de menos de una unidad de riesgo combinadas. A partir del lunes comenzaré a reconstruir el portafolio, ajustando la estrategia al nuevo contexto que el mercado muestre en la apertura de semana.
Que tengas una buena semana. Hasta la próxima!